DESEO CUMPLIDO                   Rita Vespa

 

 

                                                                 „…Cuando tan felizmente pasaban el tiempo llegó La Muerte…”

 

 

 

 

Una mañana El Destino corría feliz con el perro. De repente oyó que alguien con una voz muy triste decía:

- Si por el camino no encuentro la felicidad, iré tan lejos hasta que encuentre la Muerte y que me lleve con ella.

Cuando El Destino lo oyó se cogió con las manos  la cabeza:

- Ay, ¿qué podemos hacer con este hombre tan triste, a lo mejor tú, perrito, tienes una idea? - Se pregunto El Destino muy afligido y dejando el perrito al triste   hombre                                                                              siguió su camino.

 El hombrezuelo mira y ve sentado a su lado a un lindo perrito con un palito entre sus piernas. Agarra el palo y lo tira lejos:

- Corre perrito con tu amo, yo soy demasiado triste para jugar contigo. -Dijo.

Dio algunos pasos  y el perrito de nuevo le volvió a dar el palo.

 - Quizás te envía El Destino, alegre perrito - Se dijo  acariciándole.

Con las caricias el perro se convirtió en su amigo.

Desde aquel momento el perrito se cuidaba mucho de que el hombre no estuviera triste. Los paseos maravillosos y los entretenidos juegos no se acababan nunca.

Cuando tan felizmente pasaban el tiempo llegó La Muerte. Empezó a mirar el juego muy atentamente. Pensó que aunque no fuera su parada, jugaría con el perro. La Muerte dejo pues en paz al hombre  pero desgraciadamente decidió  cogerle el perro. Y de repente mientras jugaba  con el hombre el perro se tumbó sin respiración, solo las orejas se le erguían. El apenado hombre acariciaba al perro y le humedecía el hocico con agua. Después de tres días perdió la esperanza de que el perro volviera a ladrar. Las orejas todo el tiempo escuchaban atentas y el hombre cuchicheando pedía:

- Vuelve mi querido amigo, vuelve.

Mientras tanto El Destino, que había dado el perro al infeliz hombre, se dio cuenta que en el mundo la gente dejó de morir.

Se fue pues a ver que hacía La  Muerte. Que asombrado se quedó cuando percibió como La Muerte jugaba con el perro. Tiraba el palo y el perro lo llevaba de vuelta con las orejas echadas hacia atrás. Indignado El Destino gritó:

- Tú no haces mas que tonterías y la gente sufriendo, sin poder morir. Avergonzada La Muerte devolvió el perro. El perrito volvió contento hacia su dueño, ya que de La Muerte emanaba frío y era excepcionalmente aburrida. Y así con el hombre inclinado sobre el perro habiendo perdido toda la esperanza, y maldiciendo a la horrible Muerte, el perro abrió los ojos y empezó a lamerle las manos. Una loca felicidad sin fin. 

Desde aquel momento el hombre no quiso saber nada de La Muerte. Solo una vez reflexionó sobre de que manera el perro pudo haber escapado de ella. Hasta que le llegó la idea de que ella se había olvidado de cogerle las orejas. Así el perro no escuchó a La Muerte y volvió con su amo.

                      Y así hasta hoy día viven muy felices.

 

 

 

             Traducción: Mercè Soley Argelaguet            Ilustración: Maciej Jędrysik     

 

 

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DESEO CUMPLIDO